viernes, 3 de mayo de 2013

Del ser, la nada y la transubstanciación.

Buenas. Este primer post versa ¡sobre el ser y la nada! Ya decía Heidegger que... 
Hola, soy Heidegger
Es broma, no hay de qué asustarse. Dejaremos al filósofo para más adelante, para cuando los lectores interesados formen una masa crítica de peticiones al respecto. Vamos a tocar, en cambio, otro asunto mucho más sencillo a la par que actual: la transubstanciación. ¿Quién no se ha preguntado alguna vez en qué consiste este misterio? ¿Por qué pan? ¿Por qué vino? Bueno, pues tampoco vamos a hablar de eso, ni me imagino que lo hagamos nunca, pero eso ya se verá. Entonces, ¿por qué el título del post? Pues porque me he propuesto darle a cada post un título que no tenga nada que ver con el contenido. ¿Por qué?, volverán a preguntarse: pues porque andaba juguetón al ponerme a escribir. La Historia está llena de caprichos disfrazados de decisiones trascendentales.

En realidad, a lo que llevo dándole vueltas toda la semana es a hablar de tópicos.  Algo que se ha convertido en un tópico, por cierto: no pasa un mes sin que en algún periódico, gacetilla, hoja parroquial o blog se combata con ferocidad el uso de solecismos, de barbarismos o de frases hechas, por ejemplo. Ese es el bando de los puristas del lenguaje, que en su ardor guerrero tanto arremeten contra el laísmo, las variantes dialectales como el habla canaria o las faltas de ortografía como a los miembros de la RAE por permisivos. Como si la RAE, en realidad, pudiese mandar en eso. Hay otro bando (que no tiene nombre que yo sepa, pero que podríamos denominar el de los pasotas) cuya postura puede resumirse en: "Mientras se entienda..." A este respecto, recuerdo una intervención de Gabriel García Márquez en un congreso internacional sobre la lengua en la que abogaba por la simplificación de la ortografía para "humanizar" aquella.
¿Quién te crees? ¿García Márquez?
(http://www.elcastellano.org/gm.html)

En fin, a mí la frase hecha que más me revienta últimamente es: "La mujer del César no debe sólo ser honesta, sino debe parecerlo". Claro que el uso corriente la ha modificado en versiones como: "La mujer del César no sólo debe serlo, sino parecerlo", o más simpático aún: "La mujer del César no debe serlo, sino parecerlo". Los atajos del pensamiento conducen al asesinato de la expresión (buena sentencia, ¿eh?).  Ya sea la original o cualquiera de sus absurdas variantes, reparen, queridos lectores, en que la frase necesita de cierta solemnidad para que sea bien comprendida. Cuando se profiere en una tertulia de periodistas (algunos lo llaman debate), suelen enarcarse las cejas y arrugar la frente; y si se acompaña de un dedo índice perforando el espacio, mejor. En las radiofónicas, toma forma de coletilla inspirada que da por zanjado cualquier tema: la privatización de la compañía de aguas, la desprivatización de la compañía de aguas, la última intervención (sin preguntas) del presidente, los líos del PP, los líos del PSOE, los apuros de Tony Cantó o la última hazaña prevaricadora de un concejal de pueblo. 
¡Atentos, estoy soltando una genialidad!
Además, suele seguirla un silencio, que en la radio son muy significativos. Puede llamársele silencio espeso, de esos que pueden cortarse con un cuchillo.
Como escribo sobre la marcha (pero corrijo), acabo de acordarme de George Orwell, quien en una colección de ensayos titulada Inside the whale and other essays (Penguin) también le dedica uno a las frases hechas y expresiones manidas. Daba la impresión de estar hecho un basilisco. Otro fustigador era Fernando Lázaro Carreter con cuyo El Dardo en la Palabra me hice unas risas. Por otro lado, el mayor artista de las frases hechas, en forma de latinajos, era, cómo no,  Montaigne. Claro que esa es otra dimensión, más bien al alcance de pocos.

Nota para los canarios: me chiflan las frases que yo llamaría idiosincráticas, de orgullo isleño, a saber: "Como aquí no se vive en en ningún sitio", "La playa de las Canteras es la mejor del mundo", "El pueblo canario es secularmente hospitalario" y "Es una tierra muy agradecida porque caen tres gotas y se pone todo verde". O la de los discursos de inauguración de algunas jornadas: "En este entorno incomparable..." Son frases, no obstante, muy útiles. Cohesionan, suscitan consenso y hacen equipo. A los taxistas, con ellas, me los meto en el bolsillo. Además,  una vuelta de tuerca al tema se da cuando un canario, por ejemplo, le señala a uno no canario: "Como se dice aquí: Al pan, pan; y al vino, vino", ignorante de que en otras latitudes (digamos Palencia, sin ir más lejos) se dice del mismo modo.

Termino ya. Si hay algún lector leyendo este post, agradecería su colaboración con más frases de este tipo. Son graciosas, sobre todo, cuando tienes al alguien de cómplice y las sueltas a diestro y siniestro para mutuo regocijo.


Transubstanciando



4 comentarios:

  1. Gracias, ¡esa es clásica! Acabo de recordar la frase hecha de los racistas: "¡Si yo tengo un amigo negro!". Se puede extender de manera parecida a los xenófobos, homófobos, etc...

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